Hoy voy a hacer una declaración de principios.
Me resulta extraño tener que declarar que soy una persona tolerante, lo mismo que publicar que mis casas rurales son “gay friendly”, pues no concibo el caso contrario; aunque visto lo visto, lo voy a hacer.
Porque _digo yo_ a quién le puede importar que sus clientes gusten de dormir boca arriba o boca abajo, comer con la mano derecha o con la izquierda…, a mí me resulta indiferente, y en igual medida, qué me puede importar que a un chico le guste otro chico o una chica.
En fin, yo creía que estas cosas estaban más que superadas en el siglo XXI, pero me equivocaba, pues luego oyes casos de gente que no admite homosexuales en sus alojamientos y a otros que emplean términos como “degenerados”. Me produce bastante tristeza todo esto, porque todos somos PERSONAS, cada uno con nuestras ideas y lo que hay que hacer es respetarse unos a otros, da igual el color, la ideología, la religión o el sexo que se tenga.
En mi caso, lo único que me preocupa de los clientes es que sean civilizados, con esto quiero decir que sean también respetuosos con las personas que los acogen, con la casa que les abre sus puertas, con el medio rural al que se aproximan y con el entorno natural en el que se hallan. ¿Es mucho pedir?
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