
Sin ningún tipo de apasionamiento, constatando una realidad únicamente, estamos hablando de un monte, que está frente a las costas de Cudillero, en cuya cima se erige una ermita más bien fea, que alberga una imagen femenina de la que se dice madre de la Virgen, Santa Ana, poco agraciada también, la verdad (debe ser por el pelo).
Pero como estas realidades sin emoción no nos dicen nada, os diré lo que significa para los vecinos del Concejo de Cudillero esta santa y el monte que lleva su nombre, que escribimos Santana, no santa Ana.
Ah, se me olvidó mencionar que desde lo alto hay unas vistas magníficas de gran parte del Municipio (San Martín, Lamuño, Villademar, etc.)

Desde aquellos fieles devotos que se dejan la piel de los pies o de las rodillas para acudir a venerar a la Santa hasta quienes suben y bajan sin haber pasado por delante de la imagen de la misma, pasando por los niveles intermedios de devoción, esta fiesta es entrañable, tiene su sentido para cada cual y hay quines no se la pueden perder año tras año; así esté cerrado de niebla el monte, que no se vean unos a otros o haga un sol de justicia que los torre a todos (a aquellos que van sin sombrilla o toldo sobre todo…)
Suben familias al completo que llevan la comida, la merienda e incluso les darían las viandas para la cena…
Y también sube mucha juventud, caminando. Algunos el día anterior para hacer noche arriba, darlo todo y coger sitio… Un día de monte con su noche es de lo más divertido para los más jóvenes.
La tradición dice que si quieres obtener un favor relacionado con la salud has de pasarte por el cuerpo unas cadenas que están a los pies de Santa Ana. No sé a qué época se remonta esta costumbre, pero parece ser que funciona, porque todos los años hay cola para coger las cadenas milagrosas.
Tras la misa y la procesión, llega el momento del ágape, la tradición también marca unos bocados que no pueden faltar: Santana sin empanada, tortilla y filetes empanados no es lo mismo.
Y para regarlo todo, seguimos con una tradición de época más reciente, pero ya ampliamente arraigada, tenemos el calimocho. Y cuando digo “regarlo todo” es literal. Así que si pretendes bajar del monte con la ropa del mismo color que has subido no te acerques al campo de batalla, es decir el campo de la fiesta, para ser precisos: el valle entre el monte de la capilla y el de la cruz _por si es la primera vez que te hallas arriba_. Porque si te ven limpio serás un blanco perfecto. Estás advertido
Espero verte arriba mañana (26 de julio, día de Santa Ana). Por cierto, ¡feliz día a todos! especialmente a las Anas.