
La ruta conocida como de la Foz de Moñacos o del río Infierno, parte del Área recreativa de la Pesanca, a la que llegamos tras atravesar el precioso pueblo de Espinareu, con un cuantioso número de hórreos por metro cuadrado, y pequeñas edificaciones rurales con mucho encanto, y el pueblín de Riofabar, también muy rural y lleno de autenticidad. Todo ello perteneciente al Concejo de Piloña.

Aunque a varios kilómetros del punto de partida se encuentran unos portillos que marcan la separación entre Concejos, pues a partir de ahí para arriba estamos dentro del Parque Natural de Redes, perteneciente en este tramo del que hablamos a Caso.
La ruta no es muy larga, 7km (recorrerás 14, si quieres volver…) y la dificultad es escasa, pues se trata de un prolongado ascenso hasta los 900 m de altitud pero en una suave inclinación, que resulta muy descansada y por lo tanto cómoda incluso para niños. Me consta que hasta una persona no vidente la ha hecho.

El suelo es de tierra pisada y piedras, pero en perfecto estado; escaso barro tras lluvias en un par de puntos. Y el ancho de la pista es tan amplio que te permite ir de conversación con los compañeros de caminata.
Dicha pista fue construida para sacar mineral de hierro de una mina que parece ser existió en el lugar. Y tal vez de ahí le venga el nombre al río, por aquello del color rojizo del mineral y de las rocas que lo albergaban, similar al de las llamas del infierno. No sé, es una suposición de un amigo, sin contrastar por el momento.

Avanzamos rodeados por un bosque espectacular de hayas prácticamente todo el camino hasta llegar a la parte más alta, donde cambia totalmente el paisaje, pues la vegetación pasa a ser abundante en avellanos, tejos y tilos, y sale a flote la roca caliza.





Tengo amigos que practican surf desde hace muchos años, pero a mí nunca me había dado por ahí. Hasta ahora que me he propuesto probar cosas nuevas y disfrutar de todos los momentos, pues está claro que eso es lo que nos llevamos con nosotros.
Libros, libros, libros… Más libros por favor…
“Espicha” es el nombre que recibe el trocito de madera que tapa la hendidura que se le hace a las barricas de sidra, para catarla, o “espicharla”, porque, por extensión, así se denomina al acto de destapar para probar la sidra de la última cosecha, antes de embotellarla.
Lógicamente, estamos festejando la apertura de una barrica de sidra, lo que se bebe pues es sidra, que se extrae directamente de ella. Como las espichas se celebran a lo largo de todo el año en nuestro territorio, la sidra no está todo ese tiempo en barrica, sino que llega un momento _estamos en pleno_ en el que se embotella. Entonces, en las espichas se escancia la sidra de la botella, como puedes imaginar.
Digo que además esconde otro tesoro más, uno de gran valor geológico, los fósiles, sobre todo trilobites como el de la imagen; pues la formación rocosa de esta ensenada es de lo más apreciada por los estudiosos del tema (información proporcionada por Laura Llera, geóloga colaboradora del proyecto Rutas por el Paraíso, Trekkapp. ¡Lo que aprende una en estas rutas!), es de las más antiguas de la Cornisa Cantábrica: son del Paleozoico Inferior (Cámbrico, Ordovícico), materiales que se remonta a unos 550 millones de años de antigüedad, ¡ay es nada!
Recomendación previa: ¡A fuego lento!
Un par de kg que estás dispuesto a añadir a tu silueta al degustar platos que entran muy bien sin sol: garbanzos con bacalao y acelgas (menú muy de Cuaresma), fabada, pote asturiano, sopa de marisco.
A una semana vista y aun estoy bajo el hechizo de la ruta de senderismo realizada el domingo… ¡Magia! Pura magia es la que nos envolvió durante todo el trayecto desde el área recreativa de Pumares hasta la cascada Seimeira, en Santa Eulalia de Oscos, en la parte más occidental de Asturias.
Los bosques parecen de algodón. Pero no es algodón, ni nieve lo que inunda sus árboles, son líquenes, indicadores biológicos claros de la calidad del aire que respirábamos, y que imprimen al entorno un aspecto sobrenatural, casi fantasmagórico.
Entre eso y los musgos, es una delicia mirar a cualquier lado. No sé a ti, pero a mí estos paisajes me sugieren muchísimo. Me siento transportada a una esfera de fantasía e incluso espero ver salir alguna Ayalga. La espera es vana, pues ya se cuida muy mucho el Cuélebre de que no las descubran los humanos.
Y al llegar a la cascada, impresionante como estaba con toda el agua que bajaba tras tantos días de lluvia, las esperadas eran las Xanas, pero lógicamente con el ruido que allí hicimos los ruteros del grupo, foto va y foto viene para inmortalizar la grandiosidad del salto, éstas no se dejaron ver, protegiendo hábilmente los tesoros bajos las aguas. Pero se intuían en aquel lugar mágico.
Y de cuento también es el entorno de la capilla de San Pedro en Busqueimado, enclavada entre muros secos que cierran varias fincas colindantes, magníficamente trabajados con piedra característica del lugar y sin argamasa, y espectacularmente flaqueada por dos imponentes Tejos centenarios.
Impresionante todo, de verdad. Como siempre, sirve de poco que yo trate de describirlo, me siento limitada para expresar tanta magnificencia, castaños centenarios aquí y allá a cada paso, el río discurriendo sonora y hermosamente entre los vegetación ribereña, el suelo empedrado o acolchado de hojas que amortiguan tus pisadas, la humedad que respiras y te hidrata…
Las sensaciones percibidas son únicas e intransferibles. Tienes que vivirlas.
Recuerda que puedes descargar la ruta en tu teléfono inteligente y dejarte guiar por
Y ahora sigamos alegres _como es él_ cantando:




